Como toda institución, la escuela tiene su propia dinámica y resulta un verdadero desafío encontrar en ella el tiempo y el espacio necesarios para llevar adelante un taller de escritura, entendiendo como tal aquella modalidad de expresión que no sienta sus bases, exclusivamente, en la enseñanza de la normas gramaticales: escribir como la aventura de descubrir, a través de la producción personal y la lectura crítica.
Tuve la suerte de encontrar ese espacio en la Fundación Educativa Woodville, uno de los pocos establecimientos, sino el único, que supo darle carácter curricular durante los últimos dieciséis años, con inmejorables resultados.
Numerosos autores como Hebe Solves, Gianni Rodari, Juan Carlos Kreimer o Ana María Kaufman, por citar algunos, me han servido de guía en el diseño del taller, metodología, detección de conflictos y forma de solucionarlos, sumando su experiencia a mi intuición y a mi propio oficio de escritora.
La jornada de taller, con una duración de noventa minutos, se inicia con un aprestamiento consistente en la formulación de la consigna, ejemplificaciones, aclaraciones, puntualizaciones y propósitos. En general se parte de la lectura previa de algún autor (no necesariamente infantil) que sirva para trabajar determinados temas o estructuras. Cuando a los chicos se les lee algo (aún a los que no dominan la escritura) se les está dando la posibilidad de conectarse con el lenguaje escrito y la multiplicidad de voces que eso conlleva. Su formación como lectores incidirá notablemente en lo que escriban: una buena lectura de nuestra parte es para ellos un privilegio, en tanto les permite disfrutar del contenido del texto, personajes y escenarios. La poesía, por ejemplo, es la puerta de ingreso al terreno de la libertad expresiva, un espacio donde la sintaxis se pone en crisis, se denuncian las frases gastadas, los lugares comunes, los estereotipos, dándole al sonido de las palabras, tanta importancia como a su significado.
En el libro "Ventanas a la Palabra- El Taller de Escritura en la Escuela" (subsidiado por la fundación Educativa Woodville) y publicado en coautoría con Luisa Peluffo, se exponen unas treinta consignas con propósitos y desarrollos claramente tratados, de manera que otros docentes puedan, sin dificultades, ponerlas en práctica con sus alumnos. Así los chicos estarán en condiciones de escribir textos completos de diferentes géneros desde muy temprana edad.
La siguiente instancia del Taller es la lectura grupal, previa lectura individual y silenciosa que permita la corrección del borrador inicial (autocorrección). En la práctica sucede que el alumno (en general movido por la ansiedad o la pereza) lo primero que hace cuando escribe la palabra FIN, es correr al escritorio del maestro sin parar a leerse. El primer lector de un texto debe ser su autor y su mirada crítica no puede ser soslayada en pos de una "catarsis" de escritura.
Con respecto a la lectura grupal, es importante no emitir opiniones valorativas. Estas mismas suelen surgir de los integrantes del grupo y, en todo caso, sirven como trampolín para un análisis más profundo orientado a los problemas que presenta tal o cual escritura, conservando el autor la última palabra.
Publicado Mar 15 de Junio 2010 - 09:37 |
Enviar por email
|
Consultar
sobre este contenido |
Regresar
![]()
| Febrero, 2012 | ||||||
| D | L | M | M | J | V | S |
| 1 | 2 | 3 | 4 | |||
| 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 |
| 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 |
| 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 |
| 26 | 27 | 28 | 29 | |||
Avda. Los Pioneros km. 2,900 - tel +54 2944 441133
San Carlos de Bariloche - Río Negro - Argentina
© Todos los derechos reservados